Friday, May 23, 2008

Sabina y yo

Anoche oscurecía y yo estaba bajando persianas y cerrando ventanas cuando vi que alguien venía caminando por mi calle empedrada. Era Joaquín Sabina. ¡Hola Joaquín! le grité. Y eché a correr calle abajo para recibirlo y darle un abrazo de esos que duran mucho. Viene seguido, siempre de noche y yo lo recibo con gusto. Antes no.

A Joaquín me lo presentó mi hermana. Ella sí es gran amiga de él desde hace muchos años. "Mi Sabinita" le dice. Y cuando lo decía yo detectaba una historia de amor entre los dos.

Yo respetaba esa amistad pero a mi no me caía bien. Cuando por alguna razón llegábamos a coincidir yo saludaba y me iba. Pero detrás de la puerta escuchaba sus risas, los suspiros, las conversaciones "...que han pillado un alijo de coca...que aprobó el Parlamento Europeo una ley a favor de abolir el deseo" Y yo pensaba qué mal informada estoy, no me he enterado de nada de eso.
"...pero nada decía la prensa de hoy de esta sucia pasión, del obsceno sabor a cubata de ron de tu piel..." Ay Dios ¿de qué hablan éstos? Qué amistades… Y yo no entendía, ni quería entender y me iba rápido.

Un día vino a verme, se sintió a gusto y se le hizo costumbre. Aún así yo lo veía venir y decía "Uh, ahí viene otra vez. Díganle que me estoy bañando, que vuelva más tarde". A veces lo dejaba entrar, pero me seguía pareciendo medio pesado. No me gustaba lo que me decía. Podía hacerme enojar facilmente y entonces de un manotazo cambiaba la canción mientras le gritaba "¡Lárgate de aquí! Mentiroso, cínico, tramposo...¡Fuera de mi habitación!" Pero extrañamente Joaquín no se enojaba. Tomaba su guitarra y se iba, pero volvía pronto porque estaba decidido a conquistarme. No resistía que me le resistiera. Yo creo que él sabía que era cuestión de tiempo.

“Mi Annie Hall, mi Gioconda, mi Wendy….las damas primero” me cantó una noche. Por primera vez me hizo sonreir y la cosa cambió. Supe que eso era lo que nos faltaba para ser amigos. A partir de ese momento lo fuimos.

Aquella noche bebimos un buen champagne francés. Nos abrazamos y lentamente nos deslizamos mientras sonaba "Y Sin Embargo". Yo lloraba, recargada mi cabeza en su hombro flaco. Acepté que las cosas son así…simplemente son así. Esa noche me dijo que muchas de sus verdades eran mías desde hacía mucho tiempo pero yo no me quería dar cuenta. Fue una noche larga de canciones, de un cigarrillo tras otro, de frases para no olvidar.

Y después...¿para qué más detalles?...Ya sabéis, copas, risas, excesos ¿Cómo van a caber tantos besos en una canción? No cupieron, no caben, no cabrán jamás.

Cuando amaneció por fin, siguió siendo ayer noche, hoy por la mañana.

Saturday, May 17, 2008

Una Habitación Propia



Virginia Wolf decía que toda mujer que quisiera escribir debía tener una habitación propia y 500 libras.

Esta es la mía y sus paredes blancas están impregnadas de todo lo que soy. En una de estas paredes cuelga un cuadro de Toulouse–Lautrec. Hay una ventana enorme con vista al mar azul, verde, turquesa de Cancún, pero el paisaje cambia diariamente, dependiendo de mi humor. Está, lo que yo quiero ver. Se ve, lo que yo quiero que se vea.

Desde aquí veo la araucaria, el bambú y las jacarandas de casa de mi mamá y a un colibrí que llega todos los días, puntualísimo, acompañado de un pajarito que canta hermoso. Para llegar a mi habitación tienes que caminar por una calle empedrada sevillana, bordeada por unos pinos como los del jardín de mi casa. Ahí, todas las mañanas se escucha el ladrido de un perro grande y el agua que riega las plantas del jardín. Y música, siempre música.

Pink Champagne on Ice evoca un mundo de burbujas rosas que ponen alegre.

Decidí, que aparte de agua de Jamaica y café, aquí siempre habrá una copa de champagne porque no hay mejor bebida para celebrar la vida. Porque el sonido que hace al descorcharse una botella de champagne trae el recuerdo de los mejores días. Esos días en que estábamos todos juntos, convocados por la alegría. Esos en los que fuimos tan felices que merecieron un brindis. Esos que quizás quedaron plasmados en una foto.

Y por supuesto, para celebrar el día mejor, el de hoy.

Esos días en ésta habitación, no tienen fin.